El capitalismo brasileño en el siglo XXI: un ensayo de interpretación

25.Jul.10 :: Grandes debates

Pistas para indagar el capitalismo en América Latina, particularmente en Brasil

La historia de Brasil siempre ha traído peculiaridades frente a otros países latinoamericanos, lo que permite resaltar más sus diferencias que similitudes. En que pese compartir una trayectoria común de colonia que pasa a país dependiente y posteriormente industrializado, formando una sociedad extremamente desigual, presentó la colonización portuguesa en medio a la española, formó un Imperio en medio de repúblicas, y utilizó de la esclavitud del trabajo negro en medio del uso de los indígenas.
Esta trayectoria de diferenciación en el desarrollo conjunto de Latinoamérica viene ganando nuevo cuerpo en el siglo XXI. En medio del proceso de redemocratización después del período de las dictaduras militares en la segunda mitad del siglo XX, del fortalecimiento de la integración en el mercado internacional mediante la exportación de commodities, y de la afluencia cada vez mayor de los flujos internacionales de capital para todos los países en diversas modalidades, Brasil comienza a mostrar proyección internacional más prominente, no sólo por la exportación de capital en forma de empresas multinacionales, sino también por actuar con decisión en foros y organismos internacionales (Organización Mundial del Comercio - OMC, las Naciones Unidas - ONU, la Unión de Naciones Suramericanas - UNASUR ) a fin de consolidarse como potencia regional.
La comprensión de esta peculiar trayectoria de Brasil puede contar con una fructífera interpretación en la corriente teórica que aborda las dimensiones económica, social y política, la Teoría Marxista de la Dependencia (TMD), cuyo principal teórico fue lo sociólogo Ruy Mauro Marini. Para esta corriente, la trayectoria de los países de la periferia capitalista, sobre todo las relaciones de producción, depende de la relación establecida con el imperialismo y del papel que este relega a las sociedades dependientes en la División Internacional del Trabajo (DIT), condicionando el circuito de reproducción ampliada del capital y las relaciones de clase en estas sociedades. Es decir, la TMD no considera el imperialismo como algo externo a la sociedad dependiente.
La TMD postula que ciertos países dependientes, al aumentar la composición orgánica del conjunto de su economía hasta niveles medianos internacionales, pueden presentar una dinámica particular, tratada como subimperialista, con su economía orientada a la exportación y una política exterior enfocada en asegurar una mayor presencia internacional.
La TMD enfoca el proceso de acumulación de capital y las relaciones de clase, incluidas en el concepto de subimperialismo como soporte a una política exterior de proyección, junto al espacio dado por el imperialismo, revelándose como una perspectiva de análisis global y apartándose de eventuales carencias de análisis de la configuración del capitalismo mundial en los recientes desarrollos de la teoría del imperialismo (Harvey, 2004; Fontes, 2008).
La intención de este ensayo es ofrecer una interpretación de la historia reciente de Brasil desde la perspectiva subimperialista, denotando la particularidad de la economía, de las clases sociales y de la política exterior que fundamentan la influencia económica y política cada vez mayor de Brasil en los planos regional e internacional en la década de 2000. La correcta percepción de los rasgos más profundos que encierran esta fase histórica en Brasil es esencial para comprender la naturaleza de las relaciones que el capitalismo brasileño establecerá con las demás sociedades latinoamericanas en la próxima década.

Los rasgos generales de subimperialismo

Para Marini, el subimperialismo expresa una dinámica particular que la economía, la lucha de clases y la política externa asumen en aquellos países dependientes que dentro “de una jerarquización de los países capitalistas en forma piramidal” (Marini, 1974, p.22), se convierten en “(…) centros medianos de acumulación - que son también potencias capitalistas medianas – lo que nos ha llevado a hablar de la emergencia de un subimperialismo” (Marini, 1977a, p. 8).
¿Cuáles serian las características de estas dinámicas particulares en los centros medianos de acumulación subimperialista? En primer lugar, el “ejercicio de una política [externa] expansionista relativamente autónoma”, que “no sólo se acompaña de una mayor integración al sistema productivo imperialista sino que se mantiene en el marco de la hegemonía ejercida por el imperialismo a escala internacional” (Marini, 1974 p. 17). La forma específica de esa política externa sería la cooperación antagónica (Marini, 1974, 1977a) con los centros imperialistas, cuyo núcleo es la coexistencia entre una activa y estrecha cooperación brasileña con la estrategia geopolítica de EE.UU. en la estabilización de Latinoamérica, influenciando los países vecinos, y frecuentes enfrentamientos puntuales con los EE.UU., no para cuestionar la estrategia estadunidense, pero para lograr mayores ventajas de negociación y espacios para Brasil.
La idea de la cooperación antagónica en Marini considera, de un lado, el proyecto hegemónico del centro imperialista que podrá exigir o no colaboradores locales y, de otro, la presencia de experiencias políticas de oposición a la hegemonía de EE.UU. en la región. Ambas dimensiones determinan las posibilidades de desarrollo de la política subimperialista asociada a la estrategia estadunidense.
La segunda característica de los centros medianos de acumulación subimperialistas es el alcance de “una composición orgánica media en escala mundial de los aparatos productivos nacionales” (Marini, 1974, p. XII XIII, 1977b) y una organización monopolista de las ramas principales de la economía dependiente. El aumento de la composición orgánica y la consiguiente expansión de la masa de valores puestos en movimiento, frente a un mercado restringido por la superexplotación del trabajo, impele la economía subimperialista hacia la búsqueda de mercados externos como forma principal de contornar el problema de realización.
La tercera característica de subimperialismo es la especificidad de la lucha de clases y del carácter de alianzas burguesas en el bloque dominante. “El subimperialismo brasileño no es sólo la expresión de un fenómeno económico. Resulta en una amplia medida del proceso mismo de la lucha de clases en el país y del proyecto político, definido por el equipo tecnocrático-militar que asume el poder en 1964, aunados a condiciones coyunturales en la economía y la política mundiales”(Marini, 1977a, p.18). Es decir, la coyuntura de la lucha de clases desfavorables a los trabajadores y el proyecto político de las fracciones de la burguesía en torno de la búsqueda de mercados externos son la base política sobre la cual se afirma la dinámica subimperialista.
Es importante percibir que el subimperialismo presupone la importancia de la intervención estatal, pues es función de ella volver posible “plantearse el proyecto, no de una estructura subimperialista, sino de una política subimperialista” (Marini, 1977a, p. 21), sea por intermediar la política externa de cooperación antagónica, sea por influir en la lucha de clases contra los trabajadores, sea aún por actuar en la resolución de los problemas de la realización de las economías dependientes.
La caracterización de las particularidades del subimperialismo expone su carácter histórico-contingente, de manera que “más allá de ser una categoría analítica, el subimperialismo es un fenómeno histórico y, en tanto que tal, su estudio exige el examen detenido de su proceso de desarrollo” (Marini, 1977a, p. 21). Es decir, pocas economías dependientes alcanzan las condiciones para el subimperialismo, e incluso en ellas, tal dinámica no está garantizada a priori, pues el desplegar de la economía y de la política internacional poden someter a las economías dependientes a condiciones que imposibilitan tal dinámica, reforzando su contingencia histórica.
Por lo tanto, el concepto de subimperialismo responde teóricamente, en la formulación de Marini, a la especificidad del proyecto imperialista y la presencia de procesos nacionales que le oponen; a la elevación de la composición orgánica media del capital en la economía dependiente; y a la correlación de fuerzas en la lucha de clases y al carácter de las alianzas de la burguesía.

La trayectoria reciente del capitalismo brasileño bajo la perspectiva del subimperialismo

La década de 1980 es palco de una reversión en los determinantes de subimperialismo brasileño identificado por Marini (1974) para los años 1960 y 1970. La política imperialista de EE.UU. acentuaría “con Reagan, su vocación nacionalista, postulando la reconquista de su hegemonía internacional, sin tener en cuenta los intereses de sus socios” (Marini, 1992, p.21), valiéndose i) del cierre de la onda de experiencias revolucionarias de oposición a la hegemonía estadounidense con la Revolución Sandinista de 1979, ii) del cambio en la División Internacional del Trabajo, introduciendo en Latinoamérica lo que Marini llamó la reconversión productiva , y iii) de la Crisis de la Deuda Externa y los programas de ajuste del Fondo Monetario Internacional. Tal escenario elimina las bases objetivas para una política de cooperación antagónica.
El proceso de reconversión productiva traía una nueva configuración en el bloque burgués dominante, en el cual se consolidan tres grandes fracciones de interés. La primera, “más nueva, cuya existencia sólo se observa en los países con mayor desarrollo relativo, reúne los grupos económicos vinculados a las nuevas tecnologías” , asume la conducción política de la transición democrática brasileña, buscando la apertura comercial, la desregulación financiera, la reforma del Estado (Marini, 1992, p.54-55) y, sobre todo, la negociación de nuevas formas de asociación al capital internacional en el espacio económico nacional. La segunda es la fracción creada al largo del proceso de industrialización (abarcando desde la industria textil hasta la siderúrgica, mecánica y automovilística), resistente a la propuesta de reconversión productiva (Marini, 1992, p.55). Y la tercera fracción se vincula a las actividades mineras y agrícolas, intrínsecamente dependientes del mercado externo, interesadas en la apertura al exterior y en las políticas de promoción a las exportaciones (Marini, 1992, p.56).
Económicamente, la aguda disminución de la tasa de crecimiento del capitalismo brasileño con la crisis de la deuda externa afectó la composición orgánica del capital, con una fuerte caída en el crecimiento, la inversión y participación de la industria en el PIB. Con eso, el impulso hacia las exportaciones viene de la necesidad de divisas para el pago del servicio de la deuda externa, confiriendo nuevo carácter a los problemas de realización que no incentivaban un dinámica subimperialista.
Los años 1990 mantuvieran la discontinuidad del subimperialismo, pero trajeron elementos que reponen ciertas condiciones para el retorno de aquella dinámica. La estrategia imperialista lograba ahora poner en práctica políticas neoliberales de privatización, de comercio y liberalización financiera, codificada en el Consenso de Washington y adoptadas por los gobiernos neoliberales elegidos en todo el continente, panorama que reponía la necesidad de socios estratégicos para el imperialismo, y en cual la política externa brasileña se basa en concesiones unilaterales y la alineamiento automático a la posición de EE.UU. (Luce, 2008, p.30-33).
La composición del bloque burgués dominante en los años 1990 no repone la expansión en el control de los mercados extranjeros como eje unificador de la burguesía. Según Boito (2007), el eje que la unifica es el desmantelamiento de los derechos laborales. Las fracciones internacionales y locales directamente relacionadas con el mercado financiero ascendieron a la posición hegemónica, estableciendo la acomodación del capital internacional en el ámbito económico brasileño y no el incremento de la presencia brasileña en el exterior como directriz de la política económica en la década (privatización, apertura comercial y financiera, mantenimiento de altas tasas de interés y cambio valorado). En la esfera económica, hay una grande disminución en la baja tasa de crecimiento de la década anterior, además de la estabilización de la participación de la industria en el PIB y de la tasa de inversión a niveles muy bajos, no contribuyendo para un nuevo incremento de la composición orgánica media del capital.
En medio del mantenimiento de estos factores que dificultan el subimperialismo, la década de 1990 dio lugar a dos importantes elementos contradictorios: primero, reforzó la integración de la economía brasileña al imperialismo por dos vías de la libertad del capital: junto a la entrada de grandes flujos de capitales internacionales en las modalidades directas y de cartera, ocurrió una significativa exportación de capitales brasileños en las modalidades de cartera y otras; en segundo, se inició un intenso proceso de centralización del capitales , resultando en un aumento de la composición orgánica de determinados sectores monopolistas de la industria brasileña, hasta el punto de alzar algunas empresas brasileñas a la condición de líderes mundiales en sus ramas.
La década de 2000 es marcada por la inversión de los obstáculos a la dinámica subimperialista observada en las dos décadas anteriores. En el ámbito de la política externa, se combinan dos elementos importantes: la vuelta de la contestación del imperialismo de EE.UU. en Latinoamérica en la forma de nuevos gobiernos progresistas con una mayor autonomía frente a la influencia estadounidense, como en los casos de Bolivia (Evo Morales), Venezuela (Hugo Chávez) y Ecuador (Rafael Correa), y, además, los EE.UU. con George W. Bush lanza una estrategia de no reconocer fronteras para defender sus intereses, valiéndose de ataques y intervenciones militares preventivos contra amenazas futuras y Tratados de Libre Comercio en el ámbito económico.
Estos dos elementos abren espacio nuevamente para que Brasil retome la cooperación antagónica con los EE.UU.. Luce (2008, p.33-55) desarrolla una interesante discusión bajo este prisma, analizando los principales hechos de la política externa del Gobierno Lula está entre 2003 y 2007, desde la perspectiva del alineamiento o no a los intereses norteamericanos, y encuentra fuertes elementos para defender el regreso a la orientación de la cooperación antagónica brasileña.
En relación a la conformación del bloque dominante, Boito (2007) señala que, mantenida la posición hegemónica de la fracción financiera, asciende políticamente otra fracción que aglutina el gran capital de la industria y la agricultura, centradas en la exportación tanto de commodities como de capitales en forma de inversión directa de capital, lo que configura la creación de una base social que incorpora el acceso a los mercados internacionales como un eje político unificador. Esta nueva composición del bloque dominante se revela en políticas públicas para fomentar la exportación de capitales y la internacionalización de las inversiones.
En el ámbito económico, presenciamos una nueva elevación de la composición orgánica promedia brasileña, reflejada en lo implemento de las tasas de crecimiento, inversión y participación del producto industrial en el PIB, pero de forma a modificar la cuestión de realización de una masa ampliada de los valores en las economías dependientes.
Mientras Marini señaló la restricción en la realización de bienes de consumo popular como la causa del desarrollo de la industria suntuarias y del aumento de las exportaciones en la década de 1970, la elevación de la composición orgánica en la década de 2000 tiene como un nuevo elemento la consolidación de grandes bloques de capitales concentrados con relevancia en el plan internacional, las llamadas multinacionales brasileña, portadores de una escala de producción que hace el mercado brasileño insuficiente para incrementar las inversiones en estos sectores, obligando a una internacionalización productiva en forma de exportación de capitales vía Inversiones Directas Brasileños.
Es decir, todos los factores que impulsan la dinámica subimperialista – la política externa de cooperación antagónica influenciada por la especificidad del proyecto imperialista y por la presencia de procesos nacionales que lo desafíen; bloque dominante articulado política y económicamente alrededor del mayor acceso a los mercados extranjeros; y implemento de la composición orgánica del capital en la economía colocando retos a la realización del gran capital concentrado en la economía nacional – vuelven a presentarse juntos en los años 2000.

Perspectivas del subimperialismo brasileño

No hay en el horizonte histórico perspectivas de revertir los determinantes del subimperialismo brasileño, mismo frente a los efectos de la crisis económica mundial de 2007/2009. Por ende, la diferenciación brasileña en Latinoamérica tiende a acentuarse, reforzando su liderazgo en la política y economía regional. ¿Cuáles perspectivas traen eso escenario?
En primer lugar, la dinámica subimperialista refleja un cambio de calidad en la burguesía brasileña, más fuerte económicamente, a punto de internacionalizarse, y cohesiva políticamente, logrando orientar las políticas estatales para satisfacer plenamente los intereses de las fracciones que componen el bloque burgués dominante. Esto implica que Brasil refuerza su papel como una fuerza contra-revolucionaria en el continente, pues su campo de lucha de clases se expande hasta donde presenta las inversiones directas, poniéndose en curso de colisión con el inevitable proceso bolivariano en Venezuela, en particular la Alianza Bolivariana de las Américas (ALBA) y Petrocaribe.
Segundo, la manutención de una dinámica subimperialista brasileña tiende al aumento de la competencia interimperialista en Latinoamérica, no sólo con la burguesía de los países vecinos, sino también con la creciente presencia de los chinos en la economía del continente, sin mencionar el peso de los EE.UU. Esto dejará más explícita la marca de la cooperación antagónica en la política externa brasileña, ejemplificada en dos episodios recientes: la declaración del Brasil de pleno apoyo a la Argentina en la disputa con Inglaterra sobre las Islas Malvinas, apoyo fundamentado por la perspectiva de que la exploración petrolera en Malvinas quede a cargo de Petrobras y no de multinacionales británicas, y el no alineamiento brasileño a los EE.UU. en contra el programa nuclear de Irán, dada la perspectiva brasileña de lograr la transferencia de tecnología iraní en este ámbito.
Este último punto influenciará profundamente en los arreglos institucionales envueltos en el proceso de integración latinoamericano. Un estado cuya política externa responde directamente a los intereses de una burguesía en proceso de internacionalización dejará un espacio muy pequeño para la conformación de foros u organismos regionales que no cumplen a los intereses de la burguesía brasileña; de ahí la distancia mantenida contra el ALBA, o el bloqueado en la aplicación del Banco del Sur.
Tercer, un incentivo para un proceso, todavía tenue, el refuerzo de la política militar en Brasil, siguiendo el ejemplo del Plan de Estrategia de Defensa Nacional, que fomentará la industria bélica brasileña y aumentará los recursos presupuestarios destinados a las Fuerzas Armadas, perceptible a través de los tratados de la transferencia tecnológica firmado con Francia en 2009.
Por último, y no menos importante, está el horizonte para la izquierda brasileña en los próximos años. Iniciado un proceso de fragmentación organizativa después de la llegada del Partido de los Trabajadores (PT) al gobierno en 2002, que engendró el impulso a la dinámica subimperialista brasileña, la Izquierda brasileña enfrentará, entre sus muchos retos, el trabajo de impulsar la dimensión internacionalista de su lucha contra la burguesía subimperialista de Brasil, extendiendo la articulación y actuación para toda Latinoamérica, y de escapar de la trampa de tratar la política externa brasileña como uno de los únicos aspectos progresistas del gobierno Lula, reconociendo la dimensión de cooperación antagónica que la guía.

Referencias

BOITO, Armando. Estado e Burguesia no Capitalismo Neoliberal. Revista de Sociologia Política, nº28, junho de 2007.
FONTES, Virgínia. Marx, expropriações e capital monetário: notas para o estudo do imperialismo tardio. São Paulo, Crítica Marxista, v. 26, p. 9-31, 2008.
HARVEY, David. O Novo Imperialismo. São Paulo, Loyola, 2004, 201p.
LUCE, Mathias. O subimperialismo brasileiro revisitado: a política de integração regional do governo Lula (2003-2007). Dissertação de Mestrado, UFRGS, Instituto de Filosofia e Ciências Humanas, 2008.
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______ La acumulación capitalista mundial y el subimperialismo. Tomado de Cuadernos Políticos nº 12, Ediciones Era, México, abril-junio, 1977a.
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_______ Dialética da Dependência: uma antologia da obra de Ruy Mauro Marini. São Paulo: Vozes; Buenos Aires: Clacso, 2000.
MIRANDA, José. Abertura Comercial, Reestruturação Industrial e Exportações Brasileiras na Década de 1990. Brasília, IPEA, Texto para Discussão nº 829, outubro de 2001.