La era Santos y el travestismo ideológico

23.Feb.11 :: Batalla de ideas

¿El presidente Santos, heredero de Uribe, vino a traer «el diálogo» y «la paz»?

“Somos pueblo en armas y el pueblo es invencible”
Comandante Jorge Briceño.

¿Desde cuándo ha beneficiado el poder de los capitalistas a los explotados?
¿Desde cuándo los gobiernos de turno han desempeñado en nuestro país el papel de bienhechores?
Solo en la mentalidad de los oportunistas y desvergonzados puede surgir la verborrea teórica que presente como democrático el sistema de terror y muerte imperante en Colombia; y sólo en cabeza de gente perversa o demasiado ingenua puede surgir la idea de que éste régimen ha cambiado en positivo porque el nuevo Presidente no es como el tiránico Uribe Vélez; no es de ninguna manera expresión camaléonica del continuismo; por lo que entonces ya no habrá más polarización social. Son estas, mentiras que pretenden desarmar conciencias y amansar a los más de 30 millones de pobres, a los que de paso se les prometen ríos de leche y miel para que no estallen en revuelta empujados por el hambre y la inconformidad.

Ocurre que los derrotados en su subjetividad aparentan no estar vencidos y siguen, entonces, posando de “izquierda avanzada” en tanto se contrastan con la izquierda que lucha, llamándola extremista, dinosáurica, atrasada, troglodita. Así, de reflejar su desencanto, descarándose como adoratrices de las monsergas socialdemócratas, pasan indefectiblemente al fango del progresismo decadente y de los engaños de la derecha, hasta someterse de manera abyecta como serviles instrumentos que ayudan a afianzar el régimen en la medida en que propalan sus “bondades”. Ya habrán visto sin mayor esfuerzo cómo, por ejemplo, acopla esta reflexión sobre elementos tipo ANGELINO GARZÓN (flamante Vice Presidente de la República), GUSTAVO PETRO, LUCHO GARZÓN y otros especímenes del zoológico abominable del oportunismo.

Seguramente los travestistas ideológicos pensarán que sus posiciones precarias, por lo interinas, inestables, quedan suficientemente justificadas con la vana idea de que su condición intelectual, cuando pierde firmeza es porque sencillamente el carácter cambiante de la realidad les exige posturas novedosas. Pero no, no se trata de la variación que busca ajustarse a la dialéctica de la realidad, a la indagación de la verdad, no, no. Su “arte” se parece más al del actor o al del payaso que por su oficio está obligado a hacer rápidas mutaciones de sus trajes, disfraces o representaciones. Se podría decir, que más se asemeja su papel al eonismo aquel que los estudiosos del comportamiento humano identifican como síntoma de fracaso en la socialización del género; para el caso, el fracaso de su propio intento de parecer revolucionarios sin serlo; o en la mejor de las circunstancias, el fracaso que seguramente les implica querer ser sin poder ser y tener que sólo complacerse con poseer la imagen externa y vergonzante de lo que, al final de cuentas, termina estorbándoles a la hora de prosternarse para recoger los mendrugos que les arrojan los oligarcas.

Es esta la peor época de infortunios que padece nuestro país. Pero, por lo mismo, no es momento para retroceder sino el mejor tiempo para avanzar en la lucha por la solución a los enormes problemas sociales acumulados durante siglos de iniquidad capitalista pervertida en su voracidad neoliberal.

En consecuencia, el combate político-militar por la emancipación, la justicia, la dignidad y la paz, implicará hacer una guerra ideológica sin cuartel contra los que ostentan el poder, como contra la preponderancia de quienes desde su derrota interior optan por el silencio cómplice, contra quienes balbucean esa extraña entelequia de la mesura que se enrumba hacia la traición… y contra esos gárrulos, farsantes, desmovilizadores, que posando de “demócratas” se dotan de la jeringonza precisa para adular al poder mientras se representan como intelectuales de pensamiento avanzado que defienden los intereses populares.

Fácil les queda desde estas posiciones ejecutar su doctrina de traidores, ayudar a vender los espejismos de Juan Manuel Santos, hacer maromas retóricas para diferenciarlo del narco político que le antecedió en la casa de Nariño, ocultarle su lujuria aceitada en sangre, su codicia con uñas de oro…, y elevarlo a la categoría de Presidente de la paz. Repartiendo sonrisas adulan y babosean inventándose la existencia de un “diferente estilo” de gobernar y, hasta se atreven a colocar a Juan Manuel en el podio de los transformadores sociales, sólo porque ha hecho unas cuantas ofertas demagógicas respecto a las cuales no esperan siquiera a que intente ejecuciones ciertas.

Desde las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, todos, absolutamente todos los comprometidos en un proyecto de Nueva Colombia, en paz con justicia social, bregamos por encontrar una salida dialogada al conflicto político social impuesto por el régimen oligárquico, el régimen de los potentados, de los ricos que han condenado a las pobrerías a la miseria, al hambre, la explotación, el terror y la muerte. Pero una salida de este tipo no devendrá de amenazas ni ultimátum, de engaños y ofertas mezquinas que no miren hacia la necesaria generación de cambios estructurales de la sociedad, que propicien la igualdad, la dignidad y la democracia.